Nuestro trabajo en nuestro futuro

Bien cierto es que la grave crisis económica financiera y sistémica que se nos vino encima hace ya más tiempo del soportable, ha sido suficiente como para cambiar hábitos, costumbres y esa acomodada forma de vida a la que nos habíamos ya acostumbrado en la sociedad occidental. Y con ello, una de las transformaciones más importantes se ha producido en la forma en que empresas, compañías y corporaciones actúan y realizan sus negocios de tal forma que, como consecuencia de todo, ha trastocado los planes de millones de profesionales con el rumbo perdido dentro de un nuevo, diferente y desconocido modelo de mercado laboral.

Y lo cierto es que el trabajo —ya lo enseña la Sociología— es uno de los más importantes agentes socializadores que conocemos. Su centralidad, dependiendo del tiempo y el espacio, podrá influir más o menos en cada individuo, pero el trabajo es y será un elemento fundamental en nuestras vidas desde donde podemos alcanzar nuestra realización —ya sea plena o parcial— que pesa de manera incuestionable en nuestras relaciones como individuos hacia la comunidad y la sociedad.

Pero a poco que nos paremos a observar parece ser —y es mi propósito ir demostrando— que las nuevas tendencias laborales que vamos detectando, los cambios sociológicos que vamos descubriendo en el mundo profesional no sólo derivan de nuestra sufrida crisis.

Los horarios definidos, la escasa rotación en las empresas, el trabajo para toda la vida, el localismo laboral, las vacaciones año tras año… han muerto. Y ya nunca nada volverá a ser lo mismo. Y ya nada será como antes.

Y de esas nuevas costumbres, de esas nuevas tendencias, unas nos han sido impuestas, pero otras, en nuestro nuevo mundo, las estamos construyendo nosotros mismos con nuestras propias decisiones, con nuestras propias elecciones. Y esto, lejos de ser algo negativo, creo no equivocarme si afirmo que es nuestra gran oportunidad.

Y el asunto ahora, dentro de toda esta maraña de trasformaciones sociales, está en no perder el rumbo. Necesitamos conocer dónde estamos y a dónde queremos llegar.

Y para que esto sea mínimamente posible necesitaremos conocer nuestro entorno, lo que acontece en el mismo y reflexionar de manera profunda y responsable sobre aquello que puede suceder en un mañana cercano de tal forma que nos permita tomar decisiones de una manera coherente con nuestro propio ser y con lo que esperamos del futuro, todo ello con el fin de estar preparados para cuando este, el futuro, esté aquí y así poder alcanzarlo.

No será posible utilizar bola de cristal alguna para esta tarea. Sólo el esforzado trabajo, la observación seria, el análisis profundo y la metódica reflexión nos serán de ayuda para que nuestras suposiciones estén cercanas a la realidad y así, con todo, ser capaces de elegir de manera coherente el camino que nos acerque desde ese futuro incierto a nuestros objetivos soñados.

@pedroatienza

Acerca de Pedro Atienza

Máster en Gestión y Administración de Empresas. Experto en Coaching Ejecutivo. Formado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos. Experto en Gestión y Desarrollo de Despachos Profesionales. Formador Ocupacional y Técnico en Marketing y Ventas. Ver todas las entradas de Pedro Atienza

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